El deporte, la superación de las personas con discapacidad

“Mens sana in corpore sano” con esta frase comenzamos el post de hoy, un post que se escribirá con un cariño especial y que va dirigido a todas esas personas que pese a padecer una discapacidad continúan practicando deporte y cuya fuerza de voluntad es una seña de identidad. Bien es cierto que los beneficios del deporte traspasan las barreras físicas, llegando a las esferas emocionales y psicologías.  Las personas con discapacidad se apoyan en el deporte no sólo como herramienta para la rehabilitación sino por los efectos beneficiosos del mismo. A continuación te contaremos las fases del proceso de adaptación a la práctica deportiva de una persona con discapacidad.

Primera fase

Se caracteriza por la rehabilitación. Consiste en recuperar el máximo de capacidades posibles, centrándose principalmente en la movilidad que el sujeto posee y entrenando las capacidades que el paciente mantiene con el objetivo de conseguir la máxima autonomía posible.

Segunda fase

En esta fase entra en juego el deporte terapéutico apoyando la fase anterior, adaptando la actividad física a las características de la persona, buscando la mejora de las habilidades físicas mantenidas. Se aplicarán juegos y ejercicios para que a la vez se vaya desarrollando la autoestima, algo que favorecerá su rehabilitación psicológica y le motivará para seguir trabajando y alcanzando objetivos de mejoría.

La tercera fase 

Sería en la que la persona comienza a realizar deporte con un fin recreativo, fuera del ámbito de la rehabilitación y en un contexto más ocioso para garantizar la integración social mimetizándose con el entorno.

Cuarta fase

Caracterizada por el deporte de competición. Una vez que la persona con discapacidad va mejorando su motivación y relación con el entorno, el deporte toma importancia en la lucha contra sí mismo y contra los problemas y las barreras sociales. No todas las personas con discapacidad van a alcanzar esta fase, esto puede ser por la limitación física o psicológica, o por la falta de interés de la persona en la competición, prefiriendo reservar la actividad física para un fin lúdico.

Como podemos comprobar el deporte de las personas con discapacidad merece de un reconocimiento especial por ser un esfuerzo cargado de voluntad que se vuelve gratificante en las pequeñas grandes cosas.