Trastornos alimenticios: La anorexia

La imagen corporal es una parte esencial en el concepto de uno mismo, una imagen positiva genera confianza y seguridad. En cambio, una imagen negativa suele generar problemas. Históricamente, la imagen corporal ha ejercido un papel protagonista desde principios del siglo XX. El énfasis en la apariencia corporal ha girado en torno al peso como definición de la belleza. Como consecuencia de la obsesión por un cuerpo “ideal” surgen trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia mental o nerviosa. Ésta se caracteriza porque el sujeto centra su atención en el peso corporal personal, sigue constantemente dietas hipocalóricas y muy restrictivas y se manifiesta en él un deterioro de su imagen corporal. “Es un trastorno psicosomático frecuentemente  influenciado por factores culturales”.

Tiene una incidencia cada vez mayor en las niñas antes de la pubertad, y afecta a personas inseguras, que tienen una imagen distorsionada de las dimensiones y se sienten gordas. Se niegan a comer por miedo a aumentar de peso o se niegan a mantener un peso mínimamente normal que ellas consideran excesivo. Sienten un rechazo por la comida, siguen dietas restrictivas o ayunan con asiduidad. Utilizan diuréticos o laxantes y practican ejercicio compulsivo para perder masa corporal.

Los síntomas clínicos más destacables son la amenorrea o ausencia de la regla, carácter irritable, ánimo deprimido, insomnio, disminución del interés por el sexo, pensamiento inflexible y fuerte necesidad de controlar su ambiente.

En cuanto a las características diagnósticas de la anorexia, éstas se manifiestan cuando el paciente mantiene su peso corporal en menos del 85% de lo esperado para su edad y altura. La hospitalización algunas veces es necesaria, y la decisión, salvo urgencia vital, se toma con la persona afectada y su familia después de varias consultas. Con la hospitalización se pretende detener el proceso de desnutrición del paciente, y pretende curar, luchar contra las fases de angustia y de depresión y motivar a la persona afectada.